jueves, 4 de noviembre de 2010

Esos momentos difíciles

A lo largo de la vida surgen situaciones difíciles que nos hacen pensar que estamos pasando por ese bosque oscuro al que todos tememos y respetamos, el que nos da miedo y sensación de claustrofobia, por ese camino negro y tenebroso que nos llevará a algún lugar perdido sin remedio, y sin poder volver atrás. El miedo aparece y nos atenaza sin remedio, nos paraliza y no conseguimos hacer que las horas que nos han tocado sean luminosas e intensas. Tal vez nos dejamos llevar por la oscuridad del bosque, es una tentación fácil.

En esos momentos lo vemos todo así, y si nos preguntan la razón diremos que realmente todo tiene esa forma, pero, ¿sabemos de verdad cual es la realidad ? Si en ese momento lo vemos todo negro, ¿por qué razón en otro instante y en las mismas circunstancias lo vemos todo más claro y diáfano?

Está claro que la mente es un arma muy poderosa que podemos utilizar para pasar sin miedo por ese bosque oscuro que, tarde o temprano, todos tenemos que atravesar. La tarea de aprender a utilizar la mente para disfrutar de la vida es dificil, se convierte en una de esas pruebas que nos parecen insalvables, casi como aprobar una oposición (los opositores me entenderán). 

Es cierto que hay personas que parecen nacer inclinadas de manera natural para asumir las situaciones difíciles casi con alegría, como si flotaran por ese bosque oscuro, parecen llevar la luz consigo e iluminan todos los sitios por los que pasan. Son esas personas que se reconocen sin necesidad de decir porqué, ni cómo son, ni a quién se parecen. Todos vemos a esas personas.

Por desgracia también vemos a las personas que asumen su camino con negatividad, con la oscuridad propia del bosque, sin saber el poder que podrían tener simplemente con su mente. Todos en algún momento nos podemos reconocer en este tipo de personas, y seguro que negamos y renegamos de ser así, pero, ¿quién dijo que el aprendizaje de la vida sea fácil? En el camino, incluso por ese bosque, podemos encontrar todas las lecciones posibles, y aprender que la vida es un proceso, más o menos largo, que nos lleva a todos al mismo sitio, pero en la manera de llegar está nuestro reto, y es el que se nos impone. Pensado así, parece hasta bonito, perdón, rectifico, es bonito, y hay que hacerlo aún más.

Si los caminos nos llevan al éxito o el fracaso depende en gran parte de nosotros, ya llevo varias entradas hablando de este mismo tema, quizás para autoconvencerme y terminar por aprender a hacerlo.  Y creo que terminaré con ese aprendizaje alguna vez precisamente porque deseo hacerlo, y quiero cruzar el bosque sin miedo, sin parálisis, con la alegría propia del que sabe que está cruzando y le espera la luz  y el color al final.

PD: No sé si pensábais que no iba a mencionar el dificil bosque por el que cruza Alonso este mes, ¡¡¡craso error¡¡¡ Bueno, yo sólo puedo decir, que, aquí en este humilde blog, también se cruzan los dedos para que el milagro ocurra. Si alguien puede hacernos ver ese milagro es él. Y tal vez después de eso, se nos olvide que hemos pasado a través de un montón de sombras.




                             

2 comentarios:

Cata dijo...

¡Qué verdad tan gordísima esa de que también existimos los que encontramos dificultades en elegir conscientemente el adecuado color del cristal a través del cual mirar! Yo también observo con envidia a las personas que parecen poseer las gafas "pertinentes" (que no "im", je-je) en cada momento.

Como siempre, me apunto a tus propósitos, el de aprender a reaccionar de esa manera ¡y el de seguir cruzando los dedos para que Fernandito nos regale otro As!

¡YA SÓLO QUEDA UNA!

Lola dijo...

Es cierto, es una gran verdad, pero también es cierto que se puede aprender a mirar por un cristal menos oscuro, y te lo digo por experiencia propia. Quizás observando a esas personas que tienen las gafas "pertinentes" podemos aprender mucho de ellas, yo lo intento cada día, y creo que da resultados. Prúebalo y luego me lo cuentas (seguro que te entiendo, jeje).

Yo seguiré con mis propósitos y con los dedos cruzados, que nos queda tan poquito¡¡¡ ¿Será posible que Fernando nos regale ese as?
Vamos a pensar que si¡¡¡