miércoles, 25 de junio de 2014

Un día en la exposición de Fernando Alonso



Lo prometido es deuda, voy a hacer una pausa para dejar de protestar por la realidad social, o para dejar de analizar sentimientos y pensamientos...y simplemente os contaré mi visita a la Exposición de Fernando Alonso en Madrid, en días en los que había todavía alguna esperanza en el campeonato 2014...¡¡Ohhh, ilusión¡¡ Con Ferrari siempre te esfumarás¡¡


Y es que hay espacio en la vida para todo, y momentos en los que además de pensar sobre la vida y los sentimientos, una debe salir a la calle y...¡¡¡Vivir¡¡¡¡ y hasta decir tonterías y reír, bueno, eso siempre, eso es obligatorio, además, ya he dicho que es una promesa.


Y ahí tenéis lo primero que una se encuentra al salir del metro: ese pedazo de torre (por llamarlo de alguna manera, en realidad es un depósito de agua, estamos hablando del Canal de Isabel II) con la foto de Alonso en lo más alto que ya nos indica que no nos hemos perdido, pero tranquilos...no hay que subir allá arriba, a no ser que seas Spiderman y tengas esa particular afición escaladora.




Lo siguiente que se encuentra es este cartel con la foto del susodicho en el que no se le notan ni las cejas; a mi lado había una señora opinando sobre las características faciales y corporales de Alonso, con las siguientes palabras técnicas: Pues está guapo el...en fin, que quería decir que el fotógrafo había aprovechado muy bien el tiempo y el espacio para ofrecer una imagen favorable (la pedantería a veces hasta viene bien, y si no, que se lo digan a los políticos, con su particular habilidad para hablar sin decir nada).







La cosa empezaba con la época de Alonso-niño, vamos, en su etapa con los karts, en los que me detuve bastante, la verdad, porque me resultó muy curioso ver las imágenes de algunas carreras de estos minicoches y sus peculiaridades, por no hablar de la zona más visitada y fotografiada: la que guarda la primera licencia de FA...¡¡¡con 3 años¡¡¡ ¡¡¡Pero si con 3 años uno ni se ha quitado los pañales¡¡¡ Y encima, por lo visto, certifica que el churumbel conocía todas las normativas y reglamentaciones sobre automovilismo...¡¡¡Todas¡¡¡ ¡¡¡No una, ni dos¡¡¡ En fin, yo con tres años no recuerdo haber tenido tal nivel de conocimientos, apuntaba maneras, pero no hasta ese nivel del recopón (palabra técnica que simboliza todo aquello que tiene un volumen considerable y ostensible).

La foto es de muy mala calidad, en mi defensa diré que no me dejaban hacerla como Dios manda, pero aprecien ustedes el detalle de las rodilleras.,, ¡¡¡ ahí se ve a una madre¡¡¡¡¡





Aquí os presento el Minardi, a su lado estaba el coche con el que ganó el Euro Open Nissan Movistar, si no recuerdo mal.

Al fondo se ven los monos, cascos, guantes, etc.  de cada temporada, así como los trofeos...cuando los hubo, claro.
No es una zona muy transitada, pero mi impresión es que no se puede entender el presente sin observar lo que hicimos en el pasado.

Y Alonso corrió su primera carrera de F1 en este coche, un Minardi, en Australia 2001. Ya ha llovido, pero supongo que a él no se le olvidará esa primera carrera, o sería bueno no olvidarla porque uno empieza a subir desde el escalón más bajo.













Años 2005 y 2006: Los años del triunfo y de los dos campeonatos del mundo





El R-25 junto al trofeo del Campeonato

El R-26 y el trofeo...ese coche que venció a Schumacher...
Las Michelin...más que importantes.



































¿Qué decir de estas tres imágenes? Fueron años muy buenos, seguro que todos lo recordaremos durante muchos años.
Yo espero que algún día haya algún otro campeonato que recordar. Eso si Ferrari no lo impide, que ya será mucho pedir, aunque también me están gustando las especulaciones miles que hay sobre la posibilidad de conseguir otro título en otro equipo...y hasta se habla de McLaren. Sobre esto sólo puedo decir que hasta que no lo vea...

Quizás merecerían un capítulo aparte estos dos años, 2005 y 2006,porque tal vez cuando volvamos la vista atrás podremos darle la importancia que tiene lo conseguido en estos años, ahora quizás no tenemos la suficiente perspectiva, o no queremos tenerla.



Y llegamos a 2007, ese año lleno de polémicas y desencuentros entre Fernando Alonso y su nueva escudería: McLaren. Largo sería de contar todo lo que pasó aquél año, pero ya lo cuenta mucho mejor un gran experto de la F1, Carlos Castellá, en una serie de posts relacionados con el tema y que merecen ser leídos, y hasta enmarcados. Léanlos, ¡¡¡no me sean vagos¡¡¡





Quizás el mejor coche que ha pilotado FA...quizás, quizás, quizás...Del mono ya no opino






































Y por fin llegamos a esos dos años fatídicos, 2008 y 2009, en los que no se sabía muy bien si lo que pilotaba Alonso, ese hombre con cuello más que vitaminado y mineralizado, era una cafetera o un coche con sus cuatro ruedas y hasta motor. 

Y precisamente porque soy de naturaleza romántica y dada a estar al lado de los  perdedores, me fui a hacer una foto al lado del peor coche de la historia (sí, ya sé que los hubo peores...pero hay que hacer esto un poco literario):  ¡¡¡Sí¡¡¡¡ Al lado del Renault de 2009, de cuyo nombre mejor olvidarse, pero que ahí está, con todo su color amarillo chillón y queriendo hacerse notar.

Lo que no se puede negar es que no tengo ni un poco de vergüenza, nadie se hacía fotos en esta parte de la exposición...me dio hasta pena del pobre Renault, con la épica que nos aportó...

Pensaréis que me olvido de esos coches de color rojo, en concreto el F-10 y F150 Italia (cuando fui no estaba el F2012), pero quizás es que ese capítulo merece un post enterito e individualizado...juraría que sí. Y si ya pienso en la crisis ferrariana, eso ya merece una serie entera al estilo de Falcon Crest (incluso creo que D. Luca le da un aire a Ángela Channing)

Pero será en el siguiente capítulo, que ya os he cansado bastante, creo.

En próximos episodios: Ferrari, Ferrari, ¿porqué nos abandonaste?.. o algo así.

Y, sobre todo, mis disculpas si existe algún error en cuanto a años, coches, escuderías, etc. porque ya saben: sólo sé que no sé nada, que decía uno en Grecia.

lunes, 23 de junio de 2014

Alicia a través del espejo






(Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero. “Animales de los espejos”, en Manual de Zoología Fantástica”; 1957)

En noches como ésta, en la que la intuición augura sueños más reales que la consciencia, pienso en Alicia y su viaje maravilloso. Recuerdo la historia de Lewis Carroll y me invade la necesidad de perderme en ensoñaciones que me lleven a conocer a los más extraños personajes, o, quizás, ser la Alicia que se convierta en Reina pasando a través de un espejo.

Y sin embargo, lo que me encuentro a través de muchos espejos, no es esa jugada de ajedrez que juega Alicia hasta convertirse en Reina, y no encuentro los reflejos de la Reina Roja o la Blanca. A veces tan solo encuentro una imagen desvaída de una persona que ha mirado demasiado en otros espejos antes que en el suyo propio.

En el libro de Carroll, Alicia se convierte en una viajera mágica que consigue atravesar el espejo y vivir la realidad o ficción que existe detrás de éste, conoce personajes fantásticos y juega con ellos una partida de ajedrez, con reglas reales e inventadas a partes iguales. En el desenlace, consigue llegar al final del tablero y se convierte en reina, siguiendo las reglas del juego.

Resulta difícil no asumir que los mundos imaginarios de Carroll no sean demasiado reales y basados en nuestro prosaico mundo más cercano, son demasiadas las comparaciones o las metáforas que pueden establecerse en la invención de sus extraños universos y personajes.
Y, sin embargo, a veces me pregunto si no es más real el mundo imaginario que intuyo a través de los espejos, esos universos paralelos que quisiera inventar y soñar desde pequeña. A veces miro a mi alrededor y encuentro un mundo más extraño e irreal en la vida que me rodea.

Y también me pregunto qué es lo que miran los demás cuando me ven, a veces no hacen falta palabras para intuir lo que es. Pero ya no quiero hacerme estas preguntas, he pasado demasiado tiempo intentando buscar respuestas que estaban más cerca de lo que pensaba, y que ahora ya no necesito ni tienen la importancia que les daba. 
He buscado lo que no necesitaba mirando a los ojos de las personas que me ofrecían una imagen distorsionada de mí misma, y es tiempo de volver la vista hacia el lugar correcto en el que buscar. Estaba muy cerca, pero yo muy mal orientada.

No tenía más que mirar en mi espejo, y entrar en el mundo que se reflejaba, para entender lo que soy, lo que quiero ser, y lo que no cabe ya dentro del espejo.
Tal vez ahora es el momento de comenzar a jugar esa partida de ajedrez, y divertirme jugándola, con los personajes que me quieran acompañar en mi viaje hacia el final del tablero, allí donde todos nos convertimos en soberanos de nuestras vidas.

Empieza la partida. ¿Alguien juega? 




photo credit: Daniel Semper via photopin cc

lunes, 2 de junio de 2014

Un lugar en el mundo


Hace ya muchos años de mi infancia, pero hay cosas que no se olvidan nunca, se quedan grabadas en la memoria sin ninguna dificultad, quizás porque tu inocencia te impide poner barreras a nada, o tal vez porque algún día aprendí a no dejar de mirar con los ojos de entonces.

Yo nací en un barrio de la periferia de Madrid, una zona industrial que aún sigue en pie, como todos los sitios donde la gente humilde consigue echar raíces muy profundas y se deja la piel por conservar lo que considera suyo. De esos sitios que se quedan dentro y vuelven a ti de manera recurrente a través de olores, sabores, imágenes, colores...esas pequeñas cosas que luego te acompañarán el resto de tu vida.

No sé si uno es de donde nace o de donde habita, todavía no he encontrado la respuesta. Lo único que sé es que una siempre vuelve a los tiempos en los que huele a verano y se oyen risas de niños que juegan en la calle. Ese tiempo en el que todavía no has aprendido lo que es el miedo, ni sabes de qué color es el dinero, un tiempo para mirar al mundo con los ojos más limpios que tendrás nunca.

Probablemente, uno de las imágenes que he guardado con más cariño desde entonces, es el de las flores silvestres, esas que nadie quiere ni recoge, aquéllas que estaban en los descampados cercanos a mi casa, que eran las únicas zonas verdes por entonces, y donde, por supuesto, jugábamos todos los días con la firme creencia de que era el mejor lugar del mundo. Y todavía lo sigo creyendo. 

A veces me pregunto cual es mi lugar en el mundo, ese donde quisiera que mis raíces crecieran hasta hacer brotar las más bonitas flores silvestres. Me he preguntado siempre a quien pertenece una cuando no ha conseguido echar raíces en ninguna parte, cuando ha dejado atrás de manera recurrente todo aquéllo que ha querido.

Me pregunto demasiado y no encuentro ninguna respuesta más que aquellas que me dicen que soy una persona desarraigada destinada a no pertenecer a ningún lugar. Y, sin embargo, a veces mientras paseo por el campo la vista se me pierde hasta encontrarme con algún color ya familiar, algún olor a verano, alguna flor salvaje...y entonces me acuerdo de quién soy y de donde vengo. 

Yo pertenezco a ese descampado de enfrente de mi casa, a ese sitio con flores silvestres, a esas calles de barrio pobre, a las vías del tren que no iba a ninguna parte, a las fábricas cercanas llenas de trabajadores muy humildes que emigraron desde todas las regiones de España. Soy de donde mis recuerdos son más claros y transparentes, del lugar en el que he caminado con total inocencia, del sitio al que jamás volví pero nunca he dejado.

Si algún día quiero recuperar la infancia que llevo dentro, no tengo más que mirar las flores, ahí estoy yo y ahí está mi lugar en el mundo.



photo credit: Martin_Heigan via photopin cc

jueves, 29 de mayo de 2014

Woman in chains

Hoy es uno de esos días en los que no me importa salir de la serenidad a la que me obligo en beneficio de mi salud mental, para romper todos los esquemas y que mi indignación sea más evidente.

La historia de las mujeres a lo largo de la humanidad, se me ha venido hoy encima como una losa  para recordarme que una se levanta mil u una veces antes de conseguir tenerse en pie y alcanzar el horizonte.


Y, cuando te crees que lo has visto todo, de repente se suman mil y una cosa más que te hacen darte cuenta de que has vuelto al punto de partida y tendrás que volver a levantarte y empezar de cero para buscar otra vez aquéllo que creías ya tuyo.

Ni siquiera se me ocurre que sea importante contar uno a uno todos los hechos que, sumados, convierten mi aparente tranquilidad en un grito ahogado. No hace falta que ilustre a nadie sobre quienes son aquéllos y aquéllas que son eternamente sometidos y olvidados. No hablo de hombres, ni de mujeres, sólo de personas cuya debilidad se convierte en su castigo, unas veces son hombres, otras veces son mujeres y otras veces son niños y niñas.

Y, sin embargo, la imagen de 200 niñas secuestradas por fanáticos religiosos ha sido esa gota que llena un vaso ya demasiado cargado de sombras, fantasmas que me han hecho recordar historias de mujeres cuya vida ha sido la suma de muchas luchas, sufrimientos y caídas. No hace falta más que recordar las cosas que me contaba mi madre, una mujer que vivió en una época en la cual se pasaba de la autoridad del padre a la autoridad del marido, un tiempo, que parecía lejano, en el que las decisiones sobre tu vida no eran cosa tuya, ni eso formaba parte de tus pertenencias.

Pero siempre he llevado muy mal convertir la vida en queja para dejar que la energía se la lleve el viento. Bastante difícil es levantarse algunas mañanas con la sonrisa puesta sin saber ni cómo lucirla, pero, con el tiempo, aprendí que ésta siempre acompaña a quien mejor la cuida, como las plantas y los animales.

Y, para cuidar mi sonrisa, y la de miles de mujeres, hoy quiero volver a levantarme para decir que sí, existimos, casi todos los días, con más o menos fuerza. Nos levantamos e iluminamos la vida, nos acostamos y damos color a los sueños, reímos, lloramos, hablamos por los codos y amamos como nadie sabe ni se atrevería nunca a soñar.

Nos movemos siempre en una cuerda floja muy delgada, cargadas del peso de muchos siglos, de la historia de miles de mujeres, de los hijos e hijas que tuvimos y los que no pudimos tener, del peso del amor que regalamos, y del dolor del que perdimos y nunca volvimos a encontrar. 
Nos vestimos con millones de colores que sólo podemos apreciar nosotras, y adornamos nuestras cadenas con las flores silvestres de cientos de caminos recorridos durante años, para no olvidarnos nunca de ver la belleza de la vida, aunque a veces no exista más que en nuestros sueños.

Tal vez esto que escribo son sólo cuatro palabras que no leerá nadie, quizás nada cambiará y mañana seguirán brillando miles de cadenas. Con seguridad yo seguiré pensando y sintiendo por todas las personas que algún día soñaron con tener alas y no cadenas, me seguiré emocionando con miles de colores y sabores e imaginaré el momento en el que mis sentimientos lleguen a los rincones más fríos.

Hoy me acuerdo de la sonrisa de miles de mujeres, y me olvido de sus ataduras y sus miedos.

Hoy, como cualquier día, es buen momento para no olvidar quienes somos, quienes fuimos y quienes queremos ser. Es buen momento para ser una mujer sin cadenas.

Y sería bueno dedicar lo que escribo sobre las mujeres a todas aquellas personas que no entienden lo que sentimos. Es tan sencillo como pasear por una playa descalza y mirar al horizonte mientras piensas que, con seguridad, hay algo más a partir de allí. Y que, de repente, lo haya.


PD: Aquí abajo hay una bonita canción de mi grupo preferido de los 80: Tears for Fears.
No se me vayan ustedes sin escucharla, es una pequeña maravilla dedicada a todas las mujeres encadenadas.



photo credit: Eneas via photopin cc

lunes, 5 de mayo de 2014

Todo sobre mi supermadre...o casi


Sí, ya sé que se ha pasado el día de la Madre, pero, ¿desde cuando me preocupa a mí hacer las cosas al revés? y si a alguien le preocupa, tengo algo que decirle...o mejor ya otro día.


Me pregunto también qué podría decirse sobre la madre de una que no resulte más que lo mismo de siempre. Eso mismo me planteaba anoche a las 4:00, mientras hacía fuerza mental para dormirme, contaba ovejas, pensaba en las cosas qué tenía que hacer...esos pensamientos que le surgen a una persona con el sueño más ligero que los trajes de Tarzán.



Y, mientras me imaginaba algo original que pudiera decirse, me acordé de otros tiempos en los que ya hablé sobre mi madre, y sobre la falta de madre en otras personas, y sobre el hueco enorme que deja su ausencia, y sobre las familias poco comunes de hoy en día, que surgen del amor y no de los convencionalismos.
 Me sentí afortunada por no poder recordar ningún momento en el que no me acompañara su imagen.

Naturalmente, las madres no son perfectas. Pero casi, y si no lo son, dan el pego tan perfectamente, que las vemos tal cual que en la imagen.

Y todo ello a pesar de momentos como:
  • Cuando regaló tus gatos en cuanto te fuiste a estudiar fuera.
  • Cuando "decoró" de manera singular tu habitación.
  • Cuando desmanteló tu estantería y tuviste que llamar a Paco Lobatón para buscar tus libros.
  • Cuando te sentabas a la mesa y, por arte de magía, te aparecía más comida en el plato al mínimo descuido.
  • Cuando te diste cuenta de que un estómago para tu madre no es un estómago: ¡¡¡es el bolso de Mary Poppins¡¡¡ O sea, ¡¡¡un lugar donde puede entrar de todo¡¡¡
  • Cuando te das cuenta que mientras comes, te espía para que no te dejes nada en el plato.
  • Aquél en el que te das cuenta de que si no te gusta la morcilla en el cocido, la pondrá, la tendrá en su plato y te negará haberla puesto.
  • Que los tomates para ella tienen vitamina A, B, C o D...o hasta X.
  • Y, además, que su bolso... ¡¡¡también es el bolso de Mary Poppins¡¡¡ Que lo mismo lleva una bolsa de magdalenas que el botiquín del Hospital.
  • E incluso te planteas que ella misma no sea... ¡¡¡Mary Poppins¡¡¡ 
Y no digo más porque una madre es una madre, y hay que guardarle un respeto, o dos o tres, o te dará una colleja de tal magnitud que se te quitará la tontería para siempre.

Cuando pienso en mi madre me planteo que será de mi vida cuando ella no esté, pero, en previsión de esto, le he hecho prometerme que no se morirá nunca.
Y parece ser que está de acuerdo con la idea. Al fin y al cabo, una heroína nunca muere.


lunes, 31 de marzo de 2014

Algún día alcanzarás la gloria


Hoy me desperté pensando en todas aquéllas personas que pasaron por mi vida y que ahora no son más que extraños, y me invade una extraña nostalgia al pensar en todos aquéllos momentos que guardé y no recuerdo donde. Y es que la memoria, a veces, se convierte en algo que nos ayuda a seguir respirando cuando ya no nos queda aire.

Y me he acordado mucho de Mark Webber mientras veía el Gran Premio de Malasia de F1. Sólo un año antes se convertía en protagonista en el mismo sitio, al protagonizar, junto con su compañero Sebastian Vettel, un patético episodio que ponía en evidencia que no era él quien estaba llamado a la gloria.
Porque a veces ésta está construida a base de pequeños golpes de suerte, y otras veces está hecha a base de golpes a secas.

Normalmente no escribo mucho de F1 en este blog porque, aunque es una de mis grandes pasiones, elegí leer y aprender de los que saben mucho más que yo, y en ello sigo, por eso me paseo de vez en cuando por sitios como "El infierno verde" (un remanso de paz y exquisita prosa formulaunera...y de la vida misma), o me gusta practicar el noble arte de la carcajada visitando "Vicisitud y Sordidez", o "Paranerdos digitales" (puestos a ver carreras tipo "bodrio", por lo menos con algo de humor). Podría mencionar a muchas más personas que pueden dar lecciones de temas de motor en general, como Carlos Castellá, Carlos Barazal, David Plaza...entre otros, que hay más.

No escribo precisamente porque todo lo que debe decirse, ya lo dicen personas mucho más conocedoras del tema que yo, y, sin embargo, en algunos momentos me parece que hay algo que sería bueno decir, y, en ese momento me acuerdo de Webber y del caso "Multi 21", y recuerdo que no hace tanto, sólo un año, que Mark soñaba con la gloria,  que quizás todos en algún momento hemos tenido sueños que se quebraron.

Y entonces me traiciona la empatía y comprendo demasiado bien lo que puede sentir alguien que ve como los demás suben a lo alto, allá donde tú mismo quieres subir pero nunca tendrás lo suficientemente cerca porque quizás ya pasó tu momento.

Y me pregunto qué es la gloria, qué implica para una persona correr a más de 300 km/hora para ser recompensado con un momento en el que todas las luces te deslumbran mientras miras, desde lo alto, y no puedes ver nada más que la adoración de los que ni te conocen.

Quizás las personas somos mucho más que un momento efímero y merecemos ser recordadas por algo más que nuestros éxitos o fracasos, tal vez seamos merecedores de ese pequeño minuto de deslumbramiento en el que no oímos nada más que las palabras de admiración y reconocimiento, mientras los sentidos se nos nublan y perdemos la noción del tiempo. El tiempo de la caída siempre podrá llegar, pero ese momento permanecerá para siempre.

Por suerte o desgracia, esto de la F1 es un deporte basado en competir por llegar el primero a una meta demasiado esquiva para algunos. Bien lo sabe Felipe Massa, o, incluso un Fernando Alonso cuyo enorme talento dormita en una escudería incapaz de ser líder año tras año, y con un exceso de soberbia que le impide ver cuales son sus errores, y que no sólo están en los aspectos más técnicos, que también.

Pero, en realidad, los héroes, los dioses, y todos aquéllos que son grandes, lo son mucho más cuando están caídos, precisamente porque no hay nada más valiente que levantarse cuando ya no tienes nada, y decidir que seguirás adelante con la nada por horizonte.

Mientras, yo aquí seguiré aprendiendo, sin la gloria por horizonte, con el todo y la nada...intentando recordar donde puse mis recuerdos y mis ilusiones.




photo credit: IDR via photopin cc

miércoles, 26 de marzo de 2014

"...Y la vida os hará libres"




La vida está llena de cadenas que nos atan, algunas incluso invisibles, aunque no por ello menos capaces de inmovilizarnos. Es probable que todos nos lleguemos a convertir en seres sin rostro, sin identidad ni conciencia, sin futuro ni esperanza, sin camino por recorrer y que sean nuestras cadenas y ataduras la única seña que nos identifique.

Es probable que en esta vida hayamos ya escrito nuestro destino con tinta indeleble, que hayamos marcado a fuego las heridas que nos apagarán, que ya no nos quede nada nuevo por descubrir. Y, aún así, nos levantamos todos los días, con la esperanza de que algo cambie, sin siquiera mover un dedo por hacerlo.

Conservamos la esperanza en lo imposible, en lo maravillosamente raro y desconocido, nos movemos alrededor de todo aquéllo en lo que nadie ya cree, y, sin embargo, en algunos momentos, creemos tocar el cielo con un dedo y ser creadores de las cosas que nos hacen ser grandiosos. Y convertimos sueños en realidad, elevamos nuestra mirada a la luna, y hasta creemos tocarla con los dedos.

Y entonces...despertamos. Pero el sueño nos hizo libres en ese maravilloso instante en el que nuestras manos alcanzaban la luna, y hasta alguna estrella.

No sabía cómo hablar de la libertad sin que pareciera algo ya demasiado gastado a golpe de palabras sin significado. Sigo sin saber cómo hacerlo, y sigo sin saber qué palabras, qué colores, qué sonidos podrían hacer justicia para todo lo que significa esa capacidad del Ser Humano de ser dueño de su destino.

Vivimos en un País demasiado viejo, con heridas ya cicatrizadas pero que no dejan de doler, en una tierra demasiado tiempo pisada y olvidada. Por momentos hemos conservado la esperanza de dejar atrás lo peor de nuestro pasado, y, sin embargo, vuelve recurrentemente para recordarnos que las heridas duelen, y que el olvido nos convierte en fantasmas sin memoria ni identidad.

Hemos enterrado viejos recuerdos, y antiguos dolores, y hasta aquéllos amores que sólo fueron sueños. Hemos recorrido demasiados caminos polvorientos en soledad, y todavía seguimos sin saber adonde nos llevarán nuestros pasos.

Y, sin embargo, siempre pensé que el verdadero camino ya quedó marcado en una época pasada en la que olvidamos las dictaduras y nos sentamos a hablar unos con otros, incluso del tiempo y la vida, con más o menos trascendencia, pero olvidando que, algún día, hablar se convirtió en un artículo demasiado caro.

Y quisiera decir hasta qué punto recuerdo aquéllos años en los que soñábamos como niños en una España distinta, con un camino sin bifurcaciones, sin dudas, sin elecciones difíciles. Y me gustaría tener a mi lado todo lo que se ha ido para no volver, las personas, los sueños, los ideales, e, incluso, esas ilusiones a las que me niego a renunciar, por mucho que la racionalidad me aceche.

Ahora que se ha ido uno de los símbolos de nuestra España, recuerdo con claridad qué era esa época para mí. Era una etapa de palabras, siempre palabras con significado, que ahora cobran su verdadera importancia porque me llevan a descubrir cómo he llegado adonde estoy, a ser quien soy. Y, sobre todo, que lo soy porque alguien estuvo a mi lado y me empujó para que yo fuera una mujer con criterio y opinión propia. Que me escuchó y discutió conmigo sin pararse a pensar lo raro que era hablar de política y temas similares, con una niña de 14 años. Nunca pensé en la importancia de todo esto en mi vida, y, últimamente he descubierto que mi destino va unido al de aquellos padres que me hicieron cómo soy a base de una sola palabra: Libertad.

Y, en base a la libertad, quiero agradecérsela a todos aquéllos y aquéllas que han luchado para que yo la tenga, y para que haya podido elegir ser quién soy...le pese a quién le pese.

Tal vez las palabras de Chaplin en "El Gran Dictador", sean las más indicadas en momentos en los que no creemos ya en nada y buscamos algo, por pequeño que sea, que nos haga recuperar nuestra dignidad...porque "pensamos demasiado, y sentimos muy poco".