miércoles, 26 de marzo de 2014

"...Y la vida os hará libres"




La vida está llena de cadenas que nos atan, algunas incluso invisibles, aunque no por ello menos capaces de inmovilizarnos. Es probable que todos nos lleguemos a convertir en seres sin rostro, sin identidad ni conciencia, sin futuro ni esperanza, sin camino por recorrer y que sean nuestras cadenas y ataduras la única seña que nos identifique.

Es probable que en esta vida hayamos ya escrito nuestro destino con tinta indeleble, que hayamos marcado a fuego las heridas que nos apagarán, que ya no nos quede nada nuevo por descubrir. Y, aún así, nos levantamos todos los días, con la esperanza de que algo cambie, sin siquiera mover un dedo por hacerlo.

Conservamos la esperanza en lo imposible, en lo maravillosamente raro y desconocido, nos movemos alrededor de todo aquéllo en lo que nadie ya cree, y, sin embargo, en algunos momentos, creemos tocar el cielo con un dedo y ser creadores de las cosas que nos hacen ser grandiosos. Y convertimos sueños en realidad, elevamos nuestra mirada a la luna, y hasta creemos tocarla con los dedos.

Y entonces...despertamos. Pero el sueño nos hizo libres en ese maravilloso instante en el que nuestras manos alcanzaban la luna, y hasta alguna estrella.

No sabía cómo hablar de la libertad sin que pareciera algo ya demasiado gastado a golpe de palabras sin significado. Sigo sin saber cómo hacerlo, y sigo sin saber qué palabras, qué colores, qué sonidos podrían hacer justicia para todo lo que significa esa capacidad del Ser Humano de ser dueño de su destino.

Vivimos en un País demasiado viejo, con heridas ya cicatrizadas pero que no dejan de doler, en una tierra demasiado tiempo pisada y olvidada. Por momentos hemos conservado la esperanza de dejar atrás lo peor de nuestro pasado, y, sin embargo, vuelve recurrentemente para recordarnos que las heridas duelen, y que el olvido nos convierte en fantasmas sin memoria ni identidad.

Hemos enterrado viejos recuerdos, y antiguos dolores, y hasta aquéllos amores que sólo fueron sueños. Hemos recorrido demasiados caminos polvorientos en soledad, y todavía seguimos sin saber adonde nos llevarán nuestros pasos.

Y, sin embargo, siempre pensé que el verdadero camino ya quedó marcado en una época pasada en la que olvidamos las dictaduras y nos sentamos a hablar unos con otros, incluso del tiempo y la vida, con más o menos trascendencia, pero olvidando que, algún día, hablar se convirtió en un artículo demasiado caro.

Y quisiera decir hasta qué punto recuerdo aquéllos años en los que soñábamos como niños en una España distinta, con un camino sin bifurcaciones, sin dudas, sin elecciones difíciles. Y me gustaría tener a mi lado todo lo que se ha ido para no volver, las personas, los sueños, los ideales, e, incluso, esas ilusiones a las que me niego a renunciar, por mucho que la racionalidad me aceche.

Ahora que se ha ido uno de los símbolos de nuestra España, recuerdo con claridad qué era esa época para mí. Era una etapa de palabras, siempre palabras con significado, que ahora cobran su verdadera importancia porque me llevan a descubrir cómo he llegado adonde estoy, a ser quien soy. Y, sobre todo, que lo soy porque alguien estuvo a mi lado y me empujó para que yo fuera una mujer con criterio y opinión propia. Que me escuchó y discutió conmigo sin pararse a pensar lo raro que era hablar de política y temas similares, con una niña de 14 años. Nunca pensé en la importancia de todo esto en mi vida, y, últimamente he descubierto que mi destino va unido al de aquellos padres que me hicieron cómo soy a base de una sola palabra: Libertad.

Y, en base a la libertad, quiero agradecérsela a todos aquéllos y aquéllas que han luchado para que yo la tenga, y para que haya podido elegir ser quién soy...le pese a quién le pese.

Tal vez las palabras de Chaplin en "El Gran Dictador", sean las más indicadas en momentos en los que no creemos ya en nada y buscamos algo, por pequeño que sea, que nos haga recuperar nuestra dignidad...porque "pensamos demasiado, y sentimos muy poco".



4 comentarios:

Cata dijo...

Me sumo a tus agradecimientos, e incluso a tus recuerdos de los cambios vividos.

Algo especial debe tener el ser humano para no querer o poder renunciar a los sueños. Algo intrínseco que, en la mayor parte de las ocasiones, hace que sigamos hacia delante y remontemos, por impulso interno, cualquier cosa que se nos ponga por delante...

Yo creo que sí sentimos, sentimos porque somos animales humanos y porque "animales o humanos" tenemos el privilegio de seguir pensando.

¡Felices sueños nocturnos y diurnos!

Un besote, C.

Lola Cámara dijo...

Hola, Cata,
Siempre es un placer encontrar un comentario tuyo en el blog.
Uno de los mejores ejercicios de humanidad es precisamente el agradecimiento, hacia las personas, las cosas, la vida...tal vez es el momento en el que más humanos nos hacemos, por eso a veces me sorprendo cuando me doy cuenta de que había algo muy importante que no había considerado como tal, y, a la vejez, he pensado que no es tarde para mostrar mi agradecimiento.
Sí, somos animales humanos, sentimos demasiadas cosas, y nos da miedo sentirlas, y nos pasamos demasiado tiempo cuidándonos de nuestros sentimientos. Claro que los hay¡¡¡
Yo también te deseo esta noche felices sueños...esta vez nocturnos.

Un beso...y mi agradecimiento

Lola

José Ignacio Gómez Peña dijo...

Jope Lola, qué profundo.
Ahora nos atan las largas cadenas del whatsapp, que no es "moco de pavo".

Lola Cámara dijo...

Ay, José Ignacio, el whatsapp sí que nos ata, a ver quién es el guapo que no cae en esa "droga"...en fin, la libertad es muy dificil, jeje.

Lola