lunes, 20 de junio de 2016

Siete pecados capitales: La Envidia


Envidia: "Sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que no tiene o desearía tener para sí sola algo que otra posee."

Debe ser altamente frustrante despertarte por la mañana pensando que tu vida sería mucho mejor si estuviera rodeado de las cosas que adornan la vida de otros. Siempre me pregunto qué siente una persona a la que atacan ese montón de dañinos pensamientos automáticos del tipo: "Soy la persona más desgraciada del mundo porque no tengo lo que disfruta esta o aquélla persona".

Lo deseable sería poder utilizar la empatía, esa habilidad social de la que carecen las personas envidiosas, y que nos hace ponernos en el lugar de la otra persona, para poder entender qué es lo que causa este comportamiento (al que ahora llaman tóxico, luego ya veremos cuál es el término que se utilice). Sin embargo, parece difícil entender que algunas personas son capaces incluso de hacer daño, y mucho, por el simple hecho de envidiar y desear aquéllo que no tienen, y que, quizás, nunca podrán tener.

En el "Otelo" de William Shakespeare, aparece como tema principal (en mi opinión, mucho más que los celos), la envidia que tiene Yago del amor de Otelo  y Desdémona. Este sentimiento le hace tramar un complejo plan para engañar a Otelo y generar en él los celos, que al final llevan al trágico desenlace. Otelo mata a Desdémona debido a los celos que alguien enfermo de envidia, instaló en su corazón. Es la envidia la que mata, la que hace sufrir, la que convierte a Yago en un monstruo capaz de destruir aquello que desea.
En realidad, las personas envidiosas no aman, tienen el deseo de poseer aquello que otros tienen, por la sola necesidad de paliar un complejo de inferioridad que les mata lentamente. Ciertamente, es un sentimiento erróneo porque, ¿es mejor lo que tienen otros?, ¿realmente van a ser más felices con las posesiones de los demás?

La respuesta, creo, es un no rotundo. Las personas que envidian de una manera insana y dañina nunca serán más felices con lo que tienen otros, no buscan la posesión, buscan sentirse en una posición de superioridad que creen merecida y la vida les niega. Culpan a los demás de su supuesta inferioridad e intentan tirar a los demás de ese pedestal al que ellos mismos han aupado por pensar que las posesiones les han hecho ser personas de mayor calidad.

Quizás el problema nace precisamente de la necesidad imperiosa de TENER, olvidando que lo que nos hace personas es precisamente el SER. Pero llegamos tarde para cambiar cosas que son eternas, inmutables, que pertenecen a la esencia inicial del ser humano y que nos hacen lo que somos, seres incompletos con necesidad de aprender  constantemente. 
Quizás olvidamos que la vida no es más que eso, un aprendizaje constante que nos lleve a desprendernos de aquella parte oscura que todo ser humano lleva consigo. 

Tal vez estamos en este mundo para algo más que intentar agarrar el aire que respiramos mientras nos olvidamos de que es un pequeño viento que no pertenece a nadie y va y viene como todo lo que es libre en la vida.

Si alguna vez envidio algo, me gusta pensar que ese viento amigo que no pertenece a nadie, se llevará esos pensamientos que me hacen sentir tan aislada y sola frente a la nada. Tal vez no sea tan malo elegir otros caminos distintos, aunque éstos sean más inhóspitos y llenos de dificultades. A la larga, siempre te das cuenta de que era el camino menos doloroso.

Lo único que os deseo es que podáis encontrar en las dificultades de ese camino a alguien que venga de frente y os diga de corazón: "Ultreia, sigue adelante y que nada te detenga".

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