viernes, 6 de septiembre de 2013

El Gran Capitán


Hacía mucho tiempo que no encontraba un momento de tranquilidad para escribir sobre este deporte que se hace llamar Fórmula 1. Tal vez el tiempo es lo que no he tenido, ni la oportunidad, ni he estado donde debería estar en el momento adecuado, y tal vez yo no sepa ni aporte nada, ningún dato objetivo, ninguna estadística...hoy simplemente estoy dejando llevar los dedos por el teclado, en espera de que el fatum me inspire para saber qué nos depara el destino.

Antes de la carrera de Spa, cuando los resultados nos ofrecían un panorama bastante sombrío, las palabras de Fernando nos hacían pensar que se había dejado ganar por la desesperanza y el pesimismo. Pero todos sabemos que sólo basta un momento, un segundo nada más, para convertir la oscuridad en luz, que la gloria se alcanza a base de pequeños momentos, instantes que quedan grabados en nuestros recuerdos para recordarnos que alguna vez fuimos testigos de cosas extraordinarias. Incluso cuando se pierden las batallas, y las guerras, hay momentos que valen más que una victoria, y son aquéllos en los que luchamos sabiendo que la estadística nos dice que la pérdida nos acecha. Quizás sólo seís vueltas de una carrera, seis veces en las que los coches suben por Eau Rouge, seis veces en las que pensamos que el fatum se equivoca y nos dejará una vez más participar de la gloria.



En estos días que tanto se habla y se rumorea sobre el destino de Alonso, sobre sus filias y fobias, sobre su posible desencanto respecto a su equipo, cuando en las altas esferas se le reprocha su individualismo, yo me pregunto qué es lo que une a un grupo para luchar por una idea común, si existe la fórmula mágica que consiga hacernos olvidar que vinimos al mundo solos y moriremos solos. Y no encuentro respuesta.

Y recuerdo historias del pasado, en las que las grandes hazañas a veces han estado rodeadas de ingratitud, de vacío y de soledad, porque la historia la escriben los vencedores, y los que han sabido estar en el momento preciso y en el lugar adecuado.
Y aunque nadie recuerde ya al Cid, o a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, su historia es la historia de la ingratitud humana, esa que siempre se repite, en todas las etapas, la escriba quién la escriba, incluso en estos tiempos modernos en los que creamos la trascendencia a partir de ciento cuarenta caracteres.

Tal vez siga siendo una ilusa, pero quiero seguir soñando que la vida está hecha de pequeños momentos irrepetibles, y dedicarme a coleccionarlos. Y espero no olvidarme de dar las gracias a quién me los regala.

3 comentarios:

Cata dijo...

Ayer Fernando también nos regaló otro de sus momentos.

Me apunto a hacer la misma colección que tú, así quizá podamos intercambiar esos "pequeños momentos irrepetibles" y disfrutar por partida doble...

Un besote, C.

Cata dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lola Cámara dijo...

Cata,
Fernando nos ha regalado muchos momentos irrepetibles, que sólo serán valorados cuando no ocurran.
Respecto a la colección, cuando quieras la ponemos en común, me parece una excelente idea compartir los buenos momentos con la buena gente.

Un beso, y vuelve pronto,

Lola