jueves, 26 de septiembre de 2013

Adios, Felipe, adios


Llevaba varios días intentando escribir sobre la noticia de la salida de Felipe Massa de su actual equipo, La Scudería Ferrari. Quizás he tardado en hacerlo porque me gustaría ponerme en el lugar de la persona que ha sido compañero de equipo de pilotos geniales e irrepetibles, y termina por darse cuenta de que la gloria no va a acompañarle, y que, después de rozarla con los dedos en 2008, ha partido para encontrarse con otras naves menos esquivas. Y quisiera darme cuenta de la dureza del sentimiento del que se siente derrotado y fracasado, y, a pesar de ello, se considera capaz de intentar aquéllo en lo que ya nadie cree más que él...o quizás ni siquiera él mismo.

Incluso intentando entender sus sentimientos, la realidad no hace más que recordarnos que éstos no valen para nada en este mundo en el que la competición es lo primero. Felipe tuvo la suerte de fichar por la Scudería (seguramente ayudado por su mánager, hijo de Jean Todt), pero, en mi opinión, quizás nunca tuvo el perfil adecuado, diseñado durante años con tiralíneas por un equipo que es más que equipo, leyenda.

Quizás su papel estaba creado simplemente para ser escudero de Michael Schumacher, y, trás la retirada de éste, se vio capaz de alcanzar el éxito ante la indolencia y desmotivación de Kimi Raikkonen. Pero a veces la realidad es algo que nos inventamos y que construimos sobre el aire, y, en ese intento de pisar de puntillas para no despertar de los sueños, terminamos por darnos cuenta que es más fácil bajar de la nube y aceptar que nunca seremos lo que tanto ansiamos.

Felipe debería haberse dado cuenta de que su sueño había terminado hace mucho tiempo, pero siempre he pensado que nunca seremos tan importantes como para juzgar sobre la vida de los demás, sin pararnos un momento a pensar qué sería de nosotros en la misma situación, qué sentiríamos ante la pérdida de los sueños que creíamos cercanos y que nos susurraban al oido, cuál sería nuestro papel en la vida ante la desesperanza y la soledad del perdedor. 

Y yo, que me he sentido, y hoy me siento, perdedora, puedo decir que la vida se convierte en una escuela en la que los sentimientos son el verdadero recurso didáctico. El verdadero fracaso consiste en no haber intentado conseguir los sueños, pero cuando éstos nos abandonan, se convierte en locura y sinrazón continuar persiguiendo lo que ya no nos pertenece. Felipe lo sabe, y yo lo sé, ahora es fácil continuar buscando en otro camino.

Continuar, luchar, y, por fin, recuperar la dignidad perdida en una lucha que no podíamos ganar.

Por tí, Felipe, y por todos los que son llamados perdedores en un mundo deshumanizado.



photo credit: slitzf1 via photopin cc

3 comentarios:

Cata dijo...

¡Forza Felipe, buen nuevo camino a seguir!

Cata dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Lola Cámara dijo...

Probablemente debería haberse ido antes, pero no somos quién para juzgar a las personas.
En todo caso, me gusta pensar que a las personas les irá bien.

Lola