martes, 8 de enero de 2013

El Palacio de los Vientos



A veces me siento delante de la página en blanco y me pregunto si seré capaz de jugar con las palabras para hacerlas más bellas de lo que ya son, sin que nadie las toque y las moldee como si de barro fueran. En esos momentos en los que ese juego se convierte en un acto de amor hacia la esencia de la comunicación, el pánico se apodera de mí por un momento, sólo un instante, y la responsabilidad se convierte en movimiento. Y simplemente escribo, con absoluta e irrefrenable pasión.

La pasión, esa manera de hacer cualquier cosa como si te jugaras la vida en ello, esa forma de encerrarte en tí misma sin posibilidad de ver más que aquéllo que tienes delante y amas, con el corazón lleno de algo que no sabes definir pero que te empuja a seguir más allá de todos los límites que pone la razón. Porque esos, los límites, sólo los pone uno mismo.

Como el amor, que se convierte en ese apego irrefrenable por la persona amada, llevado hasta los límites más inalcanzables, capaz de subir las más empinadas cuestas, bajar a los abismos más oscuros. Todos nuestros movimientos se convierten en actos para los que no somos más que marionetas movidos por los hilos de la pasión, incapaces de ser independientes, con ese sentimiento que nos invade, unas veces con la gloria del triunfo, otras veces con la más absoluta desesperación por la pérdida de ese objeto de nuestros pensamientos, la esencia de nuestra propia alma. 

Hace poco redescubrí una película que me ayudó a poner en imágenes y en sonidos lo que ya pensaba sobre la Pasión, y sobre las consecuencias positivas y negativas de esa "explosión" de sentimientos. Su título es "El Paciente Inglés", y está basada en un maravilloso libro de Michael Ondaatje del mismo nombre.
La trama nos muestra una historia de amor, un simple relato de pasión prohibida en tiempos de guerra, y que culmina con la tragedia, la pérdida, la muerte y el dolor. Sólo los ojos grises de Ralph Fiennes, o la mirada intensa de Kristin Scott Thomas nos llevan más allá de las emociones, nos impulsan a creer en que el amor y la pasión son capaces de mover el mundo y llevarnos a los lugares soñados. 

Algunas palabras resuenan en mi mente y no he podido olvidarlas..."Las traiciones durante la guerra resultan infantiles comparadas con nuestras traiciones en tiempos de paz. Los amantes, primero se muestran nerviosos y tiernos hasta que lo hacen todo añicos, porque el corazón es un órgano de fuego". Y esa es la esencia de lo que sentimos cuando nos invade la irracionalidad de algo que no entendemos pero que nos impulsa sin remedio, y nos hace olvidar las trabas y los límites que algún día nos pusimos.

Quizás alguna vez podamos encontrar el sentido a lo que escribía Kristin Scott Thomas mientras esperaba la muerte en una fría cueva..."Sé que vendrás y me llevarás al Palacio de los Vientos. Sólo eso he deseado, recorrer un lugar como ese contigo, con nuestros amigos, una tierra sin mapas..." Esa tierra sin mapas y sin límites en la que cualquier cosa es posible si la soñamos una y otra vez, si conseguimos poner en movimiento aquéllo que arde en nuestro interior.

Yo sueño con las palabras, una y otra vez,  sé que vendrán algún día y me llevarán a ese Palacio de los Vientos, esa tierra sin mapas, esa tierra sin límites...









2 comentarios:

Cata dijo...

Estoy segura de que tu camino al Palacio de los Vientos está empedrado de esas preguntas ante la página en blanco y esa decidida pasión desatada poco después.

¡Un gusto reencontrarte, Felicidades y un besazo enorme!, C.

Lola Cámara dijo...


Ya te echaba de menos, Cata, pero me ha alegrado reencontrarte en este mensaje, y a través de tu blog, que me parece muy interesante y seguiré a partir de ahora.

Yo, afortunadamente, también volví reencontrarme con las páginas en blanco, y con la mayor felicidad por ello, si es que lo que se hace con pasión...aunque a veces olvidas por un tiempo lo que verdaderamente es vital para tí.

Un besazo enorme para tí también¡¡¡